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miércoles, 3 de abril de 2013

Fernando Quiñones por Cádiz, Cádiz según Quiñones - III Ruta Quiñones


Cuadro de la artista gaditana Amalia Quiros Jiménez
para ilustrar el cartel de la III Ruta de Fernando Quiñones por Cádiz

Fernando Quiñones personifica el compromiso social con su ciudad. El desarrollo cultural de la localidad y su contexto se plasman en una obra cuyo escenario es Cádiz, en el cine, el flamenco, el carnaval, la universidad, la Caleta, en "las mijitas del freidor"... Esa voz crítica constructiva nos lleva a esta reivindicación necesaria por parte de la sociedad y la cultura. Los valores constitucionales que emanan desde el pueblo sin presupuesto y sin patrocinio: una voz que busca ser verdadera.



La tercera Ruta Fernando Quiñones ya está en marcha. Será el 13 de abril, sábado, 10.30 de la mañana y el punto de encuentro será la Iglesia de Santa María, delante del Regidor Perpetuo.

Las personas interesadas en participar activamente pueden dirigirse a esta dirección de correo electrónico: rutaquinonesca@gmail.com, para comunicárselo a la organización.





Retrato de F. Quiñones de Manuel Martín Morgado


"EL TESTIGO"
     ¿Quién, Miguel Pantalón? ¿Y qué te han dicho de Miguel Pantalón, que era un encanto? A ti que no te líen.

Rafael Álvarez "El Brujo" - 
"El Testigo", de Fernando Quiñones

     A mí, y buscando dármelo, me dio una noche un revolcón en La Parra'la Bomba que me dejó sin sitio un mes, ni me encontraba yo luego el cante. un mes. Y si te digo verdá, después me alegré de que pasara, como si me pasa con Manuel Torre o con El Melli. Porque qué arte. Como cantó el hijolagranputa. […]
Estaba amaneciendo por la playa y Luis Vélez y yo les vimos a los otros dos en la cara con la primera luz del día (que estaba aquello lindo, como estaba antes Cadi, que era lindo), les vimos las pocas ganas que tenían de soltar ni una peseta, y es que aquellos dos veían al Pantalón mucho menos que nosotros y además eran dos marrajos siesos que no iban más que a los suyo, uno de ellos un palmero que le decían El Teta. Entonces me puse yo en otro plan, que podía ponerme porque Luis Vélez era el que tenía los pedacitos del billete. Y digo:

Rafael Álvarez "El Brujo" - 
"El Testigo", de Fernando Quiñones

[…]
     Bueno… y cantar solo por la calle con vino o sin él, eso miles de veces. Por allí por atrás de Santa María y de pronto saetas en Navidá o en el mes de agosto como si fuera  la Semana Santa, date cuenta, o se iba a cantar de noche por La Caleta, eso lo hacía después de la guerra, y, si estaba la marea vacía, por las piedras, por fuera del castillo Santa Catalina que estaba así de presos de la guerra, como a cantarle a los presos. loco: a pique que le hubieran dado un tiro o cualquier cosa. Lo que es que ya los centinelas no le hacían ni caso.
[…]
Allí estaba media gitanería de la calle Lechería y de la calle La Rosa, que estaban hartos de él pero esperándole el cante como siempre. Juan El de Alonso, que estaba, fue el que me lo contó bien,  Juan estaba con Manuel Picaleto el Viejo, y luego me lo contó José El Negro, El Negro del Puerto. El Pantalón se había tomado unas pocas y lo apoyaron en la paré de cañizo a que durmiera el vino; que esa era otra suya, se quedaba dormido donde fuera o a la hora que fuera, con vino o sin él. Se despertó y se lió otra vez a hablar de los soldados, venga con los soldados y con los cañones, por ahí le daba mucho, las cosas de él, y de pronto pidió la guitarra al dos. […] No hizo más que tres o cuatro cantes, pero al acabar el primero ya se le pusieron los ojos así como se le ponían a él, y cantó como cuando me pegó el revolcón. […] Y la última siguiriya se la inventó casi entera y sin letra, na más quejándose, y de pronto le metía una voz de un poder que ya ni parecía la de él, me dijo El Negro. Y ahí se quedó. En lo suyo. Parecía que se había dormido otra vez como él se dormía de golpe como si le hubieran dao un porrazo, así que volvieron a colocarlo contra la paré, esa vez muy despacito, como quien mueve una image. Al principio, seguro que estaba durmiendo; hasta roncaba. Un ratillo después y se fue echando él solo en la mesa, así aplomao, y de ahí se fue resbalando-resbalando, primero al banco, que eran unas mesas largas de pino con bancas de pino de las de antes, y luego al suelo. Allí lo dejaron tranquilo a la sombrilla, y cuando iban a irse, ya de noche, fue cuando se dieron cuenta de que Miguel Pantalón se había muerto.
     En una mano, fuerte-fuerte que luego no había quien se la abriera, tenía un puñao de tierra de allí del suelo como el que aprieta el diamante de la India.
     Las cosas de él.

Escena flamenca con F. Quiñones
de Manuel Martín Morgado



Cerca de medio centenar de personas han confirmado ya su presencia en la tercera edición de la Ruta Quiñones, la iniciativa popular que arrancó en 2011 con el objetivo de recordar la figura y la obra de Fernando Quiñones visitando aquellos lugares de Cádiz más relacionados con el escritor.



Las mil noches de Hortensia Romero
[…]
     Ay, pero sobre todo aquel baño. Aquel baño de noche en esa Caleta… que aquella noche estaba ya casi amaneciendo, serían las cinco o las cinco y media y fue al principio del verano, después de un concurso de ombligos que se les ocurrió de pronto hacerlo en la Alameda, con las copitas, a unas pocas muchachas y muchachos de lo mejor de aquí, que luego los denunciaron y todo, y si no llegan a ser los que eran, por las familias y eso, a lo mejor hasta van presos por esa tontera que estaba hasta simpática, ya ves tú lo que eran esos tiempos.
     A mí me fueron a buscar dos de los muchachos, clientes buenos de la Casa, a que yo entrara también en el concurso de los ombligos, y yo esa noche no estaba de dormida y fui, y luego casi todos se fueron por ahí a esperar los churros, y cuatro o cinco nos fuimos echando un paseo hasta La Caleta y nos bañamos, que entonces no había allí por la noche 

Mª JOsÉ GóMez VillAR -Ajito-


ni un alma, nada más que la pareja de carabineros por todo aquello, si es que estaba; ni estaba el Club Caleta, sino una casetilla arriba, ni había chiringuitos como ese de La Gamba Alegre, que ha puesto ahora ese muchacho Luis con otros dos de La Viña. Nada.
     En lo del concurso, como allí en la Alameda había muy poca luz debajo del árbol gordo, pues tenían que mirarnos los ombligos de cerquita, encendiendo fósforos y con una linternilla chica que tenía uno y que se le gastó la pila.¡Un Levante en calma…! No se movía ni una hoja y el mar como un plato, que me asomé antes a la baranda, y abajo, en la zapata de la muralla, no se escuchaba el agua ni esto.
     A los ombligos los miraban y los estudiaban todos pa ver bien el que iba a ganar, todos los miraban unos detrás de otros, hombres y mujeres, pero enseñarlos no los enseñábamos más que las mujeres, o sea que el concurso era entre nosotras. A mí me lo besaron el ombligo dos o tres de los que hacían el esamen, y uno hasta con un lametón, pero no gané, quedé la segunda y me aplaudieron también mucho. La primera fue una señorita de Sevilla que veraneaba aquí, hija de un conde o de un marqués y simpatiquísima y muy guapa; esa es la que dijeron que tenía el ombligo más bien hecho. Luego, el mío. Y la tercera fue Nati la de Las Campanillas, que otros dos habían ido también en busca suya y era puntera, por lo menos para mi gusto, una cosa fuera de lo corriente. Con la guasa de las orejas, eso sí, que eran muy grandes y se hacía ella los peinados para ver de tapárselas con el pelo, pero qué va, al minuto se le salían por donde podían. Ahora: de cara y de buen tipo la Nati, una cosa.

   Ay, pero ese baño luego… cosa más linda… Hay que acordarse de lo bonito, ¿no?… Y cuando llega lo feo, más:lo bonito. Acordarse de lo bonito. Porque tú hazte una cuenta la de gente en el mundo que no habrá tenido ni tiene más que penas y contras y aburrimientos… ¿serán miles o millones, dime tú? ¡Si yo, que estoy aquí, conozco ya a un ciento!: echa la cuenta… 



Mª JOsÉ GóMez VillAR -Ajito-


Así que los que hayan sacado un disfrute de la vida poco o mucho, 
qué menos que se acuerden, carajo, qué menos, y que se den con un canto en el pecho.

74 aC: Marcio vuelve de La Caleta en Gades

NO te engañes pensando que a un costoso
precio de vejez torpe y forzadas templanzas
vivirás otros días en que el mundo
se te aparezca algo más firme,
cosa estable, tocada de sentido.
No.
Ahora y para siempre confórmate
solo con su hermosura caediza
como la de los rostros, las espumas y cuerpos,
la luz del mar y la de esta tarde
de verano que dejas y te deja.


"DESDE hace unos meses, y tres años ya, venimos preparando el recorrido y las intervenciones para el paseo primaveral y gaditano que en torno a la figura del escritor y peculiar, polifacético y versátil Fernando Quiñones realizaremos en esta ocasión, el próximo 13 de abril. 

Una ruta que está llamada a convertirse en un clásico cultural y reivindicativo de entretiempo para la participación ciudadana en Cádiz, de sus costumbres, de sus necesidades y del recuerdo en forma de homenaje espontáneo al autor del La canción del pirata y Las mil noches de Hortensia Romero, que tan comprometido estuvo con los temas de la ciudad".


ITINERARIO de la III RUTA FERNANDO QUIÑONES

13 de abril de 2013. A partir de las 10.00 empezamos a encontrarnos en el Barrio de Santa María.

10.15: Interviene abriendo la ruta Luis García Gil
Lectura de Rosario Troncoso
Canta Inma Márquez

10.30 Caminamos hacia el busto de Enrique el Mellizo: Quiñones y el flamenco.
Intervienen Montse Torrent. Lee Josela Maturana. Canta Carmen Olmedo

10.45 Pay Pay: Rosa Bella (La Legionaria) Leerán: Carmen Moreno. Paco Medina y Verónica Díaz.

11.15: Pórtico del Ayuntamiento: Antonio Serrano Cueto: Sobre los nombramientos otorgados a Quiñones. Interviene Josefa Parra. Canta Fernando Lobo.

11.30: Plaza de Candelaria: Participación de los distintos grupos literarios de la provincia: Chiclana, Lectores, Indocencias, Pléyade, Azahar, Ateneo de Algeciras... con lecturas de breves textos de la obra de Fernando Quiñones. (Paco Velázquez, Ramón Luque, José Luis Rubio, Virtudes Reza, Emilio Ríos y Carmen, Paco Camas por Argónida, María Sánchez por Grito de Mujer.....) Canta Paco Luque

12.00: Placa de Marejada. Intervención de Jesús Fernández Palacios. Interviene Alfonso Baro.

12.15: Plaza de Mina. Librería Manuel de Falla. Interviene Ana Rodríguez Tenorio.
Se cumplen 30 años del premio a La Canción del Pirata y 15 del fallecimiento del escritor.

12.30: Mesa Redonda en el Salón de Actos de la Biblioteca Pública Provincial. Distintas perspectivas sobre Quiñones desde la mirada femenina. Intervienen:
Ana Sofía Pérez Bustamante (profesora de la UCA), Lalia González Santiago (compañera en el Diario), Teresa Torres (amiga de tertulias), Pilar Paz Pasamar (compañera en Platero) y Yolanda Vallejo (alumna entonces de la Facultad de Filosofía y Letras).
Interviene: Fernando Polavieja



13.30: Alameda Apodaca.
José Ramón Ripoll y la adaptación de la Carmen de Bizet. Mariló Rico.

14.00: Baluarte de la Candelaria: Desirée Ortega sobre La Tía Norica, José Manuel Benítez Ariza, el cine y Quiñones. Antonio Martínez Ares.

14.30: Parque y Caleta: Miguel Ángel Argüez, Julio Malo de Molina, Pepe Pettenghi.
Carmen de la Jara.

14.30-15.00 horas: Entrega floral y fin de la ruta. Estatua de Quiñones.

Almuerzo a precios módicos en la Peña Juan Villar

15.30: Fin de Fiesta. Más intervenciones, música, flamenco, lecturas.....

Los Pimpis de Cádiz, Dolors Alberola, Domingo Faílde, Verónica Pedemonte, Elena Martínez, Pedro Cortejosa, Lobo, Inma Márquez, Paco Medina, Verónica, Carmen Olmedo, Carmen de la Jara, Maizenita, Paco Luque….  

Y todos y todas aquéllos que se sumen con sus intervenciones...

domingo, 13 de enero de 2013

Cádiz y el flamenco en Las mil y una historias de Pericón de Cádiz

Cádiz y el flamenco en 
Las mil y una historias de Pericón de Cádiz


    Os imagináis un torrente de ojos, manos, ritmo, gracia, dolor, bondad, arte, impulsado por y entre los testimonios de un hombre que en su infancia capitán fue de doscientos chiquillos, que padeció de las hambres y subió a la gloria del bien decir el cante...
   Y os lo imagináis refiriendo un mundo sobrecogedor que levanta sobre la constancia de la pobreza y la necesidad monumentos que son gentes, que son realidades volando, que son cantes...
José Luis Ortiz Nuevo



El Pericón de Cádiz - alegrías con la guitarra de Félix de Utrera

...
qué murmuraito son
lo pasito que yo doy
y qué murmuraito son
y otro tropiezan y caen
y no se los murmuro tío
y a la botica
no vaya sola
que el boticario gasta pistola
...
...
   Juan Martínez, "Pericón de Cádiz", difiere en mi recuerdo de todos los otros cantaores a quienes conozco, he tratado o visto, porque él queda inscrito en un marco especial, el marco memorable de la infancia, y encuadrado entre sus imágenes dentro de un contexto casi familiar, ya que mi padre, médico del barrio gaditano de La Viña, le ha contado entre su clientela durante años, lo ha atendido profesionalmente más de una vez y han sido muchas las referencias interesantes, curiosas o divertidas que ha oído de sus labios sobre el arte y el mundo flamencos. Por ejemplo, sabiéndolo aficionado al bel canto, Pericón le dijo un día:
   –Don Manué, pues no crea usté que hay tanta diferencia entre la ópera y el flamenco. Lo que pasa es que en la ópera to' va p'arriba, y el flamenco, to' p'abajo.
...
  

Flamenco opera fusión

–Ese es Pericón, el cantaor –me indicaba mi padre.
   Y de algún modo, al contemplarlo en alas de aquel anuncio entre admirativo y afectuoso, y como en la canción de Alberti sobre el cometa Halley y, "ya era yo lo que no era", ya latía en uno el calor de una afición que el tiempo solo iba a acrecentar.
   Pero entonces nunca lo oí cantar. Fue mucho más tarde, a los diecisiete o dieciocho años, cuando una noche, y en unión del Pontífice Aurelio, me deslicé no sé cómo en La Privadilla, y recibí –para siempre– el doble aletazo de gracia y prestancia juntas con que Pericón adoba sus cantes, aparte de una impresión complementaria, más racional que emotiva: la de su maestría, su oficio, sus saberes, imponiéndose quizás a todo.

Fernando Quiñones







Las calles de Cádiz
   Cuando acabó la guerra me llamaron pa' Las calles de Cádiz, y ahí estuve cinco años, dándole la vuelta a España. Anteriormente ya habían sacao este espectáculo, que entonces fue cuando llevaron a Ignacio Espeleta, haciendo el papel de zapatero, que luego me dieron a mí. […] Y to' el espectáculo estaba basa o en una cosa verdá del barrio Santa María.
Había allí un zapatero que cantaba mu' bien, y cuando los tocaores salían de las fiestas, ya por la mañana, llegaban a dar una recalá a casa del maestro zapatero:
   –Maestro, ¿Cómo está usté?
   –Hombre, aquí andamos; siéntate un ratito y charlamos un poco.
   –Pues na', que vengo de una fiesta y antes de irme pá mi casa he querío venir a saludarlo.
   –Bueno, hombre, bueno; vamos a tomarnos media botella.
   Y allí, en la zapatería, con la media botella, el tocaor sacaba la guitarra, hacía unas cosas; se animaba el maestro zapatero, emprincipiaba a cantar; las gitanas del barrio se acercaban, haciendo palmas y bailando …, y ya estaba la juerga armá …
   Y exactamente igual estaba monta o lo de Las calles de Cádiz: salía yo sentao en la zapatería, vestí o de zapatero, y mientras se levantan el telón, Pepe Pinto, con una peluca de chiquillo, salía cantando fandangos. Cuando ya estaba el telón arriba, emprincipiaba yo a cantar unos tangos de Cádiz, los de la plaza la Catedral:
es un verdadero encanto,
 porque se remea mucho
a Melilla con sus campos:
tiene su zoco y mezquita,
infinidá de plameras,
y con el tiempo tendrá
catorce o quince chumberas;
y para más semjanza
debían de colocar,
en vez de Silos Moreno,
la cabeza del sultán.

La plaza de la Catedral era Melilla
Ya lo dijo el Tío de la Tiza y lo metió por tangos Manolo Vargas: la plaza de la Catedral era un verdadero encanto porque se parecía a Melilla con sus campos. Y es que además de las palmeras tenía dos tiendas, “El Zoco” y “La Mezquita”. Aquí está la primera, en el número 10, debajo de la placa de Gravina. Aparecen dependientes, parroquianos y hasta un sufrido chicuco con las mangas recogidas para fregar los vasos en la pileta. A la derecha del todo, sentado  y junto a un niño, el bornicho Juan Álvarez Real.
"Memoria de Cádiz" - Diario de Cádiz


…Ignacio Ezpeleta
Allí, en Cádiz, teníamos una peña formá na' más que pa' escuchar a Ignacio, y toas las tardes, a la hora de tomar café, nos juntábamos en el Turisbar unos cuantos amigos: Aurelio, paco Añote, Capinetti, Charol, yo y otros tres o cuatro más, y esperábamos a que llegara Ignacio pa' oírlo.




Chano Lobato

Chano Lobato es, en la actualidad,  el más firme baluarte de la generación del 27 generación cantaora gaditana posterior a Aurelio Selles, Pericón y El Flecha. Tras una dilatada trayectoria artística, cantando al baile a las primeras figuras, entre algunas de ellas a Matilde Coral. 
El magisterio de Chano Lobato, bien lo tiene merecido. Se ha pasado toda una vida evocando a Pericón, al Beni de Cádiz o a ese Servicio Andaluz de Salud de su gracia, de cuya lista de espera la forman Aurelio el Tuerto, Caracol el del Bulto y el Cojo Peroche.
Chano Lobato conoció el Cádiz de los flamencos de coches de caballos, o la Sevilla del cuadro flamenco del patio andaluz del Duque. Allí cursó su master de “Embustes”, que empieza por su propio nombre. No es ni Chano ni Lobato: porque su nombre de pila es Juan Ramírez Sarabia.
Entre cante y cante allí, es cuando Chano cuenta los mil y un embustes de su realismo mágico. La novela, ¿Qué es, sino un largo embuste, una ficción? Porque narra dos historias de Ignacio Ezpeleta perfectas. Cuando García Lorca le preguntó a Ignacio Ezpeleta oye Ignacio tú en qué trabajaba, Ignacio le respondió con toda dignidad:”Yo soy de Cádiz”. Contándolo Chano es una superproducción de arte, Chano se burla de todos.





elafinadordenoticias.blogspot.com.es 

Y nunca había trabajao en un teatro
Lo de Las calles de Cádiz la primera que lo sacó fue la Argentinita. Y Sánchez Mejías, como conocía de hablar con Ignacio pa' que hiciera el papel de zapatero.
   Y cuando llegaron a París y se levantó el telón del teatro, na' más salir él de pie, con la horma y el martillo, le dieron una ovación de miedo, y nunca había trabajao en un teatro.
   Que por cierto ahí también hizo de las suyas…
   me contaba a mí Rafael Ortega que una de las noches faltaban cinco minutos pa' empezar y no aparecía Ignacio por ninguna parte; era una noche de verano con un calor tremendo, y claro, como Rafael lo conocía, se fue derecho al cuarto de baño, y allí se lo encontró en cueros metío en la bañera:
   –Hombre, Ignacio, que ya es la hora.
   –¿La hora? Pero ¿vamos a salir ahí con la calor que hace?…



Chano Lobato - Historia del "titiritan"


El flamenco es un arte, el flamenco es una fiesta".
Festival d'Arte Flamenco

Tirititran tran tran tran...
tirititran tran tran tran...
tirititran tran tran tran...
tirititran tran tran ...(BIS)

ALEGRIAS DE CADIZ (Alegria)

A mí me da
la sirena de los barco
escalofríos a mí me da
la sirenita de los barco
que cuando dicen ay que se van
la sirena de los barco
ay cuando dicen  que se van

En ese tren chiquetito 
de Matagorda
que pa arrancar se hacen falta
parmitas sordas
si no hay salero prima
si no hay salero
se duerme el maquinista
y el fogonero

No paran de llamarme
Ay tan alegre marinera
nunca paran de llamarme
Ay por las calle de la Isla
las campanita del Carmen

por las calle de la Isla
las campanita 
ay del Carmen


Ostione y bocas 
de San Fernando
y un vino chiclanero 
pa rociarlo
que maravilla prima
que maravilla
que hasta a San Pedro le gutan 
las cañaillas

Chiclana y el Trocaero
Ay Puerto Real y la isla
Chiclana y el Trocaero
donde se crían las alga
y los pescaito de estero

donde se crían las alga
los pescaito ay de estero


Cuando se entra en Cai
por la Bahía 
se entra
en el paraíso de la alegría
de la alegría niña de la alegría
cuando se entra en Cai 
por la Bahía



















                                                                                                                                                                  Fotos: Fran Montes - fotógrafo

domingo, 11 de marzo de 2012

El flamenco y el Pópulo, en DE CÁDIZ Y SUS CANTES de Fernando Quiñones

http://objetivocadiz.lavozdigital.es/fotos-GONZALO37/populo.-cadiz.-1104435.html

De Cádiz y sus cantes
Llaves de una ciudad y un folklore milenarios

Fernando Quiñones

Si decir carácter es decir idiosincracia, matices psicológicos y físicos, sabor, el carácter de una ciudad depende en absoluto de su historia, y ésta, no menos considerablemente, de la posición que ocupa en su región, en su país, en su continente y por fin, en el mundo. Como en la vida de los hombres, las mutaciones y renovaciones cuentan mucho en la de una ciudad, pero, por radicales que sean, difícilmente llegan a acabar con todo: del pasado, algo al menos queda.
Tales verdades, perogrullescas pero aclaratorias, cobran en Cádiz un relieve muy singular, ya que también son muy singulares la situación de la ciudad y su historia especialmente «rara», llena de altibajos extremos, jalonada de cimas brillantes y de simas oscuras.
[…]
Sir james Frazer, en La rama dorada, alude a una afirmación del griego Filóstrato (siglos I al II) a tenor de la cual, en Cádiz, los agonizantes no morían mientras estuviese alta la marea; Frazer comenta que, según los elementales principios de esa filosofía de las atracciones y semejanzas, quienes habitan junto al mar no pueden por menos que sentirse impresionados por el incesante flujo y reflujo que los lleva a trazar «una relación sutil, una secreta armonía entre las mareas y la vida del hombre, de los animales y las plantas. En la marea creciente ven ellos no sólo un símbolo, sino una causa de exuberancia, de prosperidad y de vida, mientras que en la marea menguante disciernen tanto una fuerza decreciente como un emblema melancólico de decaimiento, debilidad y muerte».
La probable y recóndita, primitiva pero instintiva verdad de tales percepciones, señaladas por Filóstrato en los gaditanos antiguos, ha conservado acaso su poder en los posteriores, no menos insulares ni oceánicos, y en los que cabe destacar también cierta gracia, cierta fina rapidez emotiva y cierta afición a mezclarlo (no a confundirlo) todo, que la gitanería del Puerto, y para escándalo de mentalidades regladas y fijas, aplica a los vinos de la tierra.
Pues bien: la última e inquieta ambición que acabamos de apuntar y que no quiere ni puede renunciar a ninguno de los regustos y las variantes, más todos esos factores, simultáneamente claros y complicados, a que también nos hemos referido, se acumulan con palmaria evidencia en la manera que de crear o interpretar el cante flamenco tienen los gaditanos, según en su momento avistaremos.
[…]
«El primitivo cante flamenco se ha debido formar lentamente) siglos XVI al XVIII) en las provincias de Sevilla y Cádiz», se ha escrito y no sin fundamento.
[…]
LOS GITANOS
Por lo que se refiere a los gitanos, con su llegada a España y, sobre todo, con su establecimiento en ella y en Andalucía durante el siglo XVI y siguientes, se inicia el fenómeno al que damos propiamente el nombre de «cante flamenco». Los gitanos se enamoran y se posesionan rápidamente del folklore andaluz, al cual imprimen un estilo y unas formas nuevas y del que hacen otra cosa: el flamenco –embrionario aún-, en el que suman a sus propias melodías, ritmos y sentido de la música (de remotísima procedencia hindú), todos o muchos de los acumulados, remanentes materiales musicales andaluces y españoles.
EL FOLKLORE
Durante todo el primer cuarto del siglo XX, la vida folklórica gaditana prolonga brillantemente la mayor parte de sus riquezas decimonónicas. Se cierran algunos cafés y centros de cante, pero nacen otros, como el de La Europa, que abría sus flamencas puertas en el corazón de la ciudad, en plena plaza de las Flores; Los Tres Reyes, entre Vea Muguía y Viudas…
[…]
Crecen ya por Cádiz, en edad y en buen arte, «los tres grandes», que serán luego los máximos representantes del neto estilo gaditano flamenco: Aurelio Sellé, Pericón de Cádiz, Manolo Vargas. Las grandes sombras de Paquirri, de Curro Dulce, de Fosforito, de Francisco la Perla y, sobre todo, de Enrique el «Mellizo» han fijado ya unos cánones imperturbables, dentro de los cuales se moverá, tanto desde el punto de vista de la sensibilidad como de la técnica, todo cante de Cádiz que en verdad se precie de serlo.
[…]
Porque, hasta cierto punto, puede hablarse de un determinado resurgir. Entendámonos: no es posible ni deseable una vuelta a la «edad de oro» del flamenco, puesto que no es ya Cádiz, por suerte, el Cádiz del Mellizo o del Paquirri, aquel Cádiz sugestivo y miserable, romántico y desamparado; es cierto que a veces daríamos diez años de vida porque cualquier «túnel del tiempo» nos devolviera una semana a sus ambientes, nos colocara, como en un sueño vivido, entre las calles, las gentes, los días y las noches del Cádiz que nuestra época se llevó. Pero también estamos seguros de que bramaríamos y se nos caería el alma a pedazos ante el fondo de olvidadas pobrezas, injusticias, desalientos y desesperaciones apenas ocultas tras el primer encantador y superficial telón del Cádiz que se fue: velas blancas y tracoma, manzanilla y grilletes, jipijapas y paro total, mucho cante y hambre a espuertas. La gran época del flamenco coincide con aquélla porque el gran flamenco es aquello, es también todo aquello, toda aquella suma de bello, trágico y máximo subdesarrollo, sentido, padecido y expresado a su modo por el pueblo, en sus penas y hasta en sus alegrías. No puede, pues, volver «la gran época», ni aspiramos a que vuelva; el resurgir de que hablaba es más reducido. Pero tal vez suficiente.
[…]
Todos los gaditanos y cualquiera de ellos deben, pues, de velar, aficionados o no, porque no se rompa esa cadena de felices síntomas conducentes al restablecimiento de una de las riquezas de su ciudad, verdadera «Florencia» o «Ávila» espiritual de una de las artes más españolas, mimadas y admiradas, ayer y hoy, a nivel mundial: el flamenco, cuya proyección artística y cultural cunde día a día en España y fuera de España; el flamenco ya presente, de un modo u otro, en la música de Rimsky Korsakov, Ravel, Falla y Toch, en la pintura de Picasso y Sergent, en la pluma de Rilke, Dos Passos y García Lorca…

TIENTOS

Tú en una piedra y yo en otra.
Ven acá y siéntate aquí
tú en una piedra y yo en otra,
pa contarnos las duquelas
que las mías no son pocas.
Si alguna vé vas a Cadi,
Pasa po’r barrio Santa María.
Verás los gitanitos
Cómo se bailan por alegrías.
Te quiero yo
más que la mare
que me parió.
De cal y canto y arena.

"Flamenco d´anza", con Ana González

"Soy una superficie en el mar
soy una bocanada de aire,
el aire que envuelve mi contoneo
congela este momento de baile"