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lunes, 12 de septiembre de 2011

HOLA DE NUEVO CON CÁDIZ, ANIMAL DE FONDO

Hola, de nuevo, a todos los seguidores del CUADERNO DE CÁDIZ. Volvemos a la carga después de unas vacaciones forzadas (mi incompetencia informática) pero saludables. Y llenos de ideas nuevas que poco a poco os iremos dando a conocer. Lo primero, nuestra invitación a que participéis enviando contenidos. Podéis hacerlo escribiendo a cuadernodecadiz@gmail.com.
     Nuestro regreso se abre con un delicatessen juanramoniano a mitad de camino entre Cádiz y América. Nos ponemos en marcha hacia la conmemoración, singularmente americanista, de la Constitución de 1812.

Castillo de San Roque, Cádiz


CON MI MITAD ALLÍ

¡Mi plata aquí en el sur, en este sur,
conciencia en plata lucidera, palpitando
en la mañana limpia,
cuando la primavera saca flor a mis entrañas !

Mi plata, aquí, respuesta de la plata
que soñaba esta plata en la mañana limpia
de mi Moguer de plata,
de mi Puerto de plata,
de mi Cádiz de plata,
mi Sevilla de plata,
niño yo triste soñeando siempre
el ultramar, con la ultratierra, el ultracielo.

Y el ultracielo estaba aquí
con esta tierra, la ultratierra,
este ultramar, con este mar;
y aquí, en este ultramar, mi hombre encontró,
norte y sur, su conciencia plenitente,
porque ésta le faltaba.

Y estoy alegre de alegría llena,
con mi mitad allí, mi allí, complementándome,
pues ya tengo mi totalidad,
la plata mía aquí en el sur, en este sur.


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Juan Ramón Jiménez, "Con mi mitad allí", Animal de fondo (1949), Obra poética I, Ed. Javier Blasco y Teresa Gómez Trueba, Madrid, Espasa Calpe, 2005, pág. 1164.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Del DIARIO DE UN POETA RECIÉN CASADO, de Juan Ramón Jiménez


José González, Ropa tendida, 2010

                            CXCIX

Cádiz,
21 de junio [1916]

FRESQUITOS MATINALES

¡Verano andaluz! ¡Cómo olvida el cuerpo lo que deja, o lo que le deja! ¡El recuerdo del cuerpo; mujer!
Este fresquito de Cádiz es el fresquito más alegre, más abierto, más alto que ha sentido mi carne nunca en el verano. Se diría que el airecillo surte del mar, como de su centro, que él mismo es otro mar de aire q0ue sube y anega y sepulta este montón de limpieza, de colores claros –este blanco con verde chillón, únicos−, de finura; que estamos en un aireario ideal, dentro del aire, que fuera como el alma del aire, cuya vestidura, desnuda ella, se le hubiera caído al suelo.
…Y digo alto, abriendo inmensamente el pecho al aire, por la calle estrecha −sucesión de claridades, encaje de matices suaves−: ¡Qué fresco tan rico! ¡Qué fresco tan rico!
Y un loro grita en un balcón: “¡Qué fresco tan rico” “¡Qué fresco tan rico!”


Juan Ramón Jimenez, Diario de un poeta recién casado (1917), Ed. Michael P. Predmore, Madrid, Cátedra, 2001, pág. 262.
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Es una colaboración de Nerea Galán Fernández